sábado, 7 de junio de 2014

Se vale mamar.



El trabajo invisible. 

MM

Escribir sirve. Sirve para sacar pero sobretodo y también, para traer de vuelta. Después de más de tres años de no tocar estas electrónicas páginas de mi blog, me topo con letras de alguien que sigo siendo yo, pero no me parezco. Con este prólogo redacto este post, cuyo lector objetivo soy yo misma.

Dejo de escribir porque me parece que ya hay demasiada información alrededor, y que es muy egocéntrico pensar que la visión de "uno" es de interés común. Sin embargo, hay temas que me encienden la llama de la furia y me activan la necesidad de soltar ideas que adentro se vuelven fétidas. Así ocurrió con la famosa y mal parida campaña del gobierno del DF en "pro" de la lactancia, que alborotó a medio mundo, especialmente por sus fotografías de famosas promoviendo el tema.

Que si somos así las madres, que si no, que si las operadas, que si el photoshop... Ya sabemos que madres hay de todos tipos, aunque la gran mayoría no seamos del tipo que te pueden poner en un espectacular vistiendo sólo pantalones, y por eso nos indigna que nos representen otras que sí lo son. Considero que esta discusión nos distrae de temas derivados que son mucho más importantes, como el papel de las madres como mujeres en la sociedad actual.

Apoyo que se haga promoción a la lactancia pero me vale un cacahuate, porque yo hago mi propia promoción cuando me saco la teta para alimentar a mi hija a media calle, o en medio de una junta de trabajo. ¿Por qué? Pues porque tiene hambre, porque quiero que esté sana, y por que puedo. Pero me gustaría ver al gobierno buscar un real apoyo a las madres para que puedan lactar, más allá de invitarlas a decidir si se sacan la teta o no. 

Apoyar a las madres para que amamanten tiene que ver con preguntarse ¿cómo se ve a las mujeres que son madres? ¿Qué facilidades económicas, sociales, emocionales y laborales se les da para que decidan amamantar? 

Me muerdo la lengua y los dedos y todo lo mío que alguna vez expresó desprecio por tener hijos, por las mujeres que eligen ser madres, por las parejas tradicionales, y sobretodo, por las mujeres que deciden ser "sólo" amas de casa. Lo siento, y me retracto en cualquiera de mis críticas.

Porque hoy, siendo una mujer del tipo que fue criada en rebeldía creyendo que la "independencia" y la autonomía femenina es más valioso que conseguir el anillo de compromiso o una pareja correcta para crear una familia, desearía haber pensado diferente, en vez de creerme diferente. 
Todas esas ideas del feminismo autónomo tarde o temprano se tornan en nuestra contra, porque las mujeres somos mujeres y punto. Parimos, amamos, lloramos, amamantamos, atendemos al hogar, y claro, también podemos trabajar y ser creativas, y ganar dinero, etc, etc. Pero, ¿por qué pelear por que se nos reconozca lo que no somos por naturaleza para sentirnos "iguales"? ¿Iguales a quién?

Hoy quisiera no trabajar como la mujer que era antes sino como la mujer que soy hoy. Como mujer y nada más. Madre, ama de casa, esposa, amiga, mujer. Pero en mi caso, se reconoce y celebra que sea una madre que tengo de dos a tres trabajos, más un marido que atender, más una casa que llevar, más una niña que cargar. Se aplaude el hecho de que me aferre a NO ser esa "mujer simple" de la que, al parecer, TODAS debemos huir. 

¿Por qué no se me festeja el hecho de querer ser ama de casa y nada más? ¿por qué se me mira como si hubiera decidido seguir la más baja de las religiones? ¿Por qué? si esto es el acto más puro de auto-reconocimiento y entrega a la misma sociedad... SOMOS NOSOTRAS QUIENES CRIAMOS A LAS GENERACIONES, quienes creamos sociedades amorosas o violentas, pasivas o activas, sedientas u obsoletas. 

Debería el gobierno pagarnos por quedarnos en casa, parir, cocinar, (y ahora sí) AMAMANTAR, y ser lo que somos por naturaleza. Si deseamos o no trabajar, es otro tema que tiene que ver con libertad y capacidad de cada una. Estoy segura que la mayoría de las madres podemos trabajar si así lo deseamos.

Me dí cuenta que el peor enemigo de la mujer madre es justamente los hijos, la sociedad y especialmente, las mismas mujeres: las que no son madres. Porque el trofeo va para las que fingen no ser madres. Para las que trabajan, trabajan, trabajan, dejan al niño en guardería, lavan, planchan, amamantan, corren, van, educan, cocinan, aman, chiquean, y además, se ven bien. 

Estoy segura de algo. Si las mujeres que son madres hoy trabajan, no es por gusto, sino por necesidad. (Aplausos al gobierno aquí también). Mientras que ser mujer, ser madre, conlleva en sí las más arduas, constantes, y comprometidas labores que yo calificaría como "El Trabajo Invisible". No porque no se vea, sino porque la sociedad decidió dejar de verlo.

Desear ser una mujer "normal" y clásica se posiciona como la más baja de las etiquetas. Como el peor oficio elegido. Si nos da miedo ser lo que somos, mujeres... entonces ¿por qué espera el gobierno del DF que las mamás amamanten?


1 comentario:

  1. Realmente impresionante... qué manera de pensar tan, no sé, muy bien !

    Saludos.

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