lunes, 9 de julio de 2012

La generación Prozac.



nosotros somos huérfanos.


Formo parte de una generación intermedia. Intermedia entre la rebelión y el goce del matrimonio con caducidad, la era de la información, lo digital, el mundo en uno. Somos los nada. Somos los que heredamos a Pink Floyd de nuestros padres pero vimos nacer y morir a Britney Spears. Los que con euforia y esperanza de cambio arropamos a un Kurt Cobain que nos enseñó que la vida vale más por instantes y que mejor es retirarse como campeón. Somos los que ganaron la prueba de idiotismo cuando la televisión por cable nos hizo sentir especiales. Somos los que creyeron ser alguien y hoy nos damos cuenta, somos nada. 

Alguien cercano me ha cuestionado en tono de burla cómo es que mi generación, en la cual lo "hipster" dicta la última tendencia, es tan propensa a tomar antidepresivos como si fueran aspirinas. Sólo me queda analizar mi pasado, donde ningún sentido se me fue inyectado, donde la educación (pública y privada) fue representada por el televisor y el sentido de pertenencia por las marcas transnacionales. 

Fueron hippies nuestros padres, fueron "libres" y así fue como nos concibieron, en medio de una innovadora apertura al divorcio y a la confrontación a los padres, a lo audiovisual y la imparable explosión de la globalización. No sabían qué hacer con todo eso, pero sabían que querían probarlo todo. Tampoco supieron qué hacer con nosotros, pero nos trajeron al mundo. 

Hoy, adultos, carecemos de claridad, de pasión por seguir un ejemplo familiar, por echar raíces en un lugar y sentirlo nuestro, por luchar arropando un propósito (creemos tener más de uno). En una mayor apertura al pensamiento, nuestras decisiones obligadas oscilan entre: seguir el ejemplo de los padres, o seguir nuestro instinto. Cualquier decisión está teñida de fracaso, y sin embargo, debemos seguir. Seguir porque lo dicta la necesidad económica, la sociedad, la propia familia. Y ahí es, donde vacíos, nos consolamos dentro del "arte", las redes sociales y el activismo social.
Todos necesitamos un sentido. En qué momento olvidaron nuestro padres esa asignatura? es que no les dijeron que enseñarnos a ser libres también debía llevar un contrapeso? 
La libertad se ha vuelto un hoyo negro en nuestro pecho, y ahí, es donde la amamos y la odiamos. Generación bipolar. 
Hoy, un medicamento nos ofrece la oportunidad de hacerlo, de seguir. Sin receta y más barato que una consulta psicológica, la fluoxetina (prozac) se presenta como el nuevo aliado de una generación que busca sin saber qué es lo que busca, o que encuentra y que no sabe para qué lo buscó en un principio. 

Al fin, ser nada también es una gran responsabilidad.
Por qué no? venga el prozac! que el alcohol dejó de ser de moda cuando nos dimos cuenta que engorda.