miércoles, 13 de julio de 2011

Puedo fumar un cigarro? : Sicilia.




Abarrotado, cual firma de autógrafos de cualquier artista patrocinado por televisa se mostró el "bodegón" del Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario (Imdec) e inusualmente puntual a las 4:30 de la tarde, cita que se había dado para el "encuentro-diálogo" con la súper estrella del momento: Javier Sicilia.
Con una agenda más apretada que el presidente, "EL POETA" logró llegar al lugar más de media hora tarde, sin representado esto algún problema para cualquiera de los asistentes que durante la espera sólo se activaron para mover su silla hacia delante en cortesía para abrir espacio a más y más y más "activistas".
La población al interior del bodegón era variada y no, pues aunque los movimientos y organizaciones representadas ahí eran diversas, las personas eran las mismas que han encabezado los "movimientos sociales" por años, reluciéndose ahí como si el tiempo a través de sus rostros y sus luchas no hubiera pasado, pues las banderas que cargaban eran las mismas.

El arribo del Señor, fue abrazado por un aplaudir masivo, seguido de silencio. El temple del poeta superaba la expectativa general, pues la solemnidad al interior del evento fue mayor a la que yo esperaba... en un inicio.

Él, un hombre cansado, cuyos pasos se daban más por la energía de la gente que lo mueve y lo hace posarse en eventos como ese, que por voluntad propia.
El encuentro inició con el personaje sentado en una mesa cuyos acompañantes desconocía. Su introducción fue más un resumen automático de lo que quizá en el "H." Paraninfo de la UdeG había recitado ( y en mucho otros lugares del país), pues las palabras que más tentaban a guardarse en los oídos nosotros los asistentes eran: "pues mataron a mi hijo", mismas que funcionaron como escudo protector cuando las intervenciones eran más filosas de lo que Sicilia esperaba.
El trono puesto, y el oráculo (como lo llamaron al interior del diálogo) postrado, el desfile de intervenciones fue más interesante de lo que yo esperaba, pues aquel evento se convirtió en algo mucho mejor planeado. Quienes participaron en el diálogo parecían haber sido elegidos minuciosamente para que fueran representadas distintas problemáticas y puntos de vista de Jalisco: desde fanáticos de López Obrador, hasta pueblerinos de diversas regiones, pasando por protectores de Temacapulín, académicos, organizaciones protectoras de trabajadores de la calle, fotógrafos y uno que otro activista de profesión o afición. Por eso digo que aquella cosa pareció algo bien planeado, en donde yo esperaba con ansia que una voz estruendosa por fin enunciara "que pase el desgraciaaaoo".

Envueltos en felicitaciones y mensajes de apoyo, las intervenciones en su mayoría fueron reclamos hacia el Poeta, cuyo tema central fue "el diálogo" que tuvo con el presidente Felipe Calderón. No sé si Sicilia esperaba que aquella humilde reunión sería tan reactiva como lo fue, pero su postura, nada victimaria, fue más bien receptiva.
Debo reconocer que aquel encuentro me mostró tanto la humanidad del personaje como su inhumanidad, pues Javier Sicilia lleva nombre y apellido como cualquier otra persona, se sienta con fragilidad y escucha, pero su persona ha rebasado los encuadres de un simple ciudadano.
Atiborrado de preguntas que en realidad no tendría porqué contestar, Sicilia debió explicaciones sobre su reunión con Calderón, sobre la incapacidad de "su movimiento" a "aglutinar" al país, sobre la privatización del agua, sobre el fraude electoral del 2006, sobre la inutilidad de recurrir a las instituciones, entre otros temas.
Fueron aquellos asistentes oenegeros quienes tuvieron la oportunidad de extasiarse frente al actual ídolo de la nación, exigiendo cosas como "nunca digas -el movimiento soy yo-", "no necesitamos (tus) conferencias sino asambleas", o "te están usando como válvula de escape".

Que gran habilidad la de Javier Sicilia de fumar tabacos. Dos de tres fumadas y el cigarrillo moría en manos del poeta. No pude evitar imaginarme a la marca de los cigarros (Delicados) ofreciendo al hombre patrocinar sus giras con tal de publicar fotografías de él, en su adicto ejercicio con la leyenda "tan delicados como tú"... o algo así.

Sicilia demostró ser un hombre que mantiene sus convicciones firmes, pues no se contuvo en responder a las críticas o en criticar a López Obrador, pero por otro lado lanzaba declaraciones (que a mi me gustaría más pensar que fueron bromas capciosas o indirectas) en las que aseguró ser un "anarquista" que cree en la democracia del actual sistema político.

Las ocasiones en que Sicilia bostezó fueron mayores a las que participó, siendo la salida momento cumbre de la reunión, pues no deje usted de recordar que es el momento en cual se puede obtener el apretón de manos, el abrazo y hasta la siemprefavorita foto del recuerdo. A pesar de las muchas críticas, Sicilia se fue del lugar también con premio.

Reconocimiento mío al hombre que perdió un hijo, tuvo el valor de dar esperanza de cicatrización a todas las heridas de la nación y pudo lograr que pedir permiso para fumar un cigarro fuera un lema por el cual festejar y hasta embelesarse.



Con lo que me quedo:

Aplaudo que Sicilia haya reconocido que lucha del modo en que lo hace "en esta realidad", pues es para él la única forma de hacerlo, porque la otra opción sería crear otra realidad, a lo cual aseguró que "sólo son los pueblos quienes pueden construir una realidad paralela", porque "nosotros" ya estamos muy inmersos en este sistema. Cierto.

Sigo creyendo que no podemos cambiar "el mundo" si continuamos reproduciendo los mismos esquemas que nos han llevado hasta aquí. Aquí me entristece ver cómo se idolatra y deposita la esperanza a alguien ajeno a uno mismo en la lucha por una mejor vida.

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