lunes, 12 de abril de 2010

Los Ángeles Unidos Mexicanos

Mediocrónica de una enviada especial.


Calladitos ahí, tranquilos todos los mexicanos laboran en sus mínimos puestos dentro de los territorios estadounidenses. Procuran no llamar la atención, no tanto porque así lo quieran, sino porque el pavor legal los obliga a ser así. Un titubeo puede evidenciar su nacionalidad extraña, extranjera y así exponenciar su vulnerabilidad hacia el sistema que rige a los Estados (unidos).

“Los Ángeles” está en español. No es requisito hablar fluido inglés para convivir en la ciudad pues resulta poco común que no se hable español en cualquier sitio que se visite. Mi presencia ahí no provocó ningún revuelo, era una mexicana más dentro de las calles que son humanizadas por mis paisanos. Los Ángeles tiene una y un millón de dualidades. Está la estrella de cine gringa y el albañil estrella mexicano. El surfo australiano y el jardinero mexicano. Los montes llenos de bosque y el sol la playa y el mar. El centro de convenciones y estacionamiento de centro comercial con hartos indocumentados esperando ser Express-contratados. La extensión de su territorio también sugiere una variedad infinita de todo y de todos.

Historias inmigrantes hay miles, pero ya no se dicen, se callan. No vale la pena compartir tanto cuando a lo que se va es a recabar.

Los mexicanos allá siguen siendo mexicanos, eso no cabe duda. Un “aahmm” extra o un acento pocho se adquieren fácil, pero el nopal uno nunca se lo quita. Son, en esencia, orgullosos de no ser güeros pues todos quieren regresar a su país. ¿Por qué? “por que allá está la familia”. Que interesante que La Familia sea el motivo por el cual se deja el país y por el cuál se retorna a éste. Lo demás, está de más.

(Que urgencia de adquirir entonces una familia, ¿estaré perdida si no tengo una?)

Mexicanos en el-ai (L.A.) son unidos por sus anhelos, por su nostalgia de regresar a un país sin ley, sin órdenes, sin miedo. Claramente se extraña la corrupción pues, un pie en el país vecino ya es firmar contrato con un pavor de delincuente primerizo: siempre eres sujeto propenso a romper la ley. ¿Qué mexicano quiere estar en cárcel gringa? Ahí hasta a los semá-foros respetan, el cinturón de seguridad no falta, las horas de trabajo y los alcoholes reducidos. Extrañan vivir en un país “libre” pero a la vez añoran tener un orden general digno de su arduo trabajo.
“Si tuviéramos la mentalidad de los gringos… ya les hubiéramos quitado todo el pinchi país”- inmigrante mexicano.

¿Qué posibilidad tendríamos de lograr una media entre nuestro enfer-mo-chela-corrupto-fiesta-picante-futbolero país y el white-tech-patrio-armado-controlfreak-pseudolibre país de los gringos?

Pensemos.. yo dudo demasiado la posibilidad de una convivencia entre ambos modelos.

Los mismos mexicanos en los Ángeles se quejan de la mentalidad mexicana que combina mediocridad con prácticas “cangrejiles” de desprestigio ajeno frente al éxito (ajeno). Pero volverán y así mismo serán.

Si los mexicanos en Estados Unidos levantaran la voz y exigieran, recuperaríamos mucho más que el territorio robado, mucho más… pero… si no levantamos la voz en nuestro propio país, frente a las injusticias cotidianas y los atropellos nacionales, sólo me queda soñar despierta…

De vuelta en México me fue fácil distinguir las diferencias del país, desorden, “abusivez”, hueva, tranquilidad, mediocridad, humor, etc etc etc etc etc etc.
Lo único que continúa y retumba en mi mente son las preguntas:

¿Por qué se quedan? Los qué están allá.
¿Por qué se van? Los qué están allá.
¿Por qué sólo están? Los malditos huevones que seguimos acá.